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Placer culpable | Candy, Candy


Placer culpable es aquello que nos agrada a pesar de ir en contra de nuestros principios, preferencias y lo que consideramos de buen gusto. Son cosas a las que nunca imaginamos que nos aficionaríamos y que en otras circunstancias provocarían más bien nuestro desdén, burla y hasta sarcasmo. Y debido a esa incoherencia es natural que nos cueste tanto admitirlas públicamente. Y aunque el sentido común dicta que debiéramos mantenerlas en secreto voy a compartir con ustedes una serie de placeres culpables a manera de catársis, que a nadie hace mal, sino todo lo contrario.

Candy, Candy

Una historia para niñas, así de simple. Algo que en una cultura machista, como la nuestra, es mucho decir. Sin embargo, con toda la grima que uno quisiera tenerle hay algo que uno debe reconocerle a esta historia: poseía el atractivo de una narración dinámica y entretenida, suficientes para que uno se tomara la molestia de ver sus 115 episodios sin faltar ninguno1. Claro, tenía altas dosis de melodrama como para obligarte a apagar la TV cuando llegaban tus amigos, pero también tenía suficiente comedia para hacerla tolerable, aunque no suficiente como para invitar a tus amigos a verla2. Otro puntazo a favor era la protagonista: Candy White, la cual no era la típica heroína soñadora y que suspira por un amor contrariado, como suelen regalarnos los shoujos menos emprendedores. Al contrario, Candy rompia estereotipos, en cierta medida se anticipó a la revolución de los sexos, porque si algo demostró esta mocosa desde su más tierna edad fue que podía hacer todo lo que un niño haría y encima, mejor. A lo largo de la historia demostraría ser una líder nato. Nada mal para tratarse de una niña, dirían algunos.

Personalmente Candy nunca me pareció hermosa, aunque no le faltaron pretendientes. Y que yo recuerde, nunca fue considerada una estudiante destacada. Pero se las arreglaba para pasar sus exámenes con lo justo y el resto lo compensaba con trabajo y mucha dedicación. Era una experta en dar una primera mala impresión pero luego, a pulso, se ganaba la buena voluntad de todos, o casi todos. Era una heroina muy atractiva precisamente porque no lo parecía.

No quiero decir con esto que el argumento esté libre de clichés recurrentes como niños ricos que se enamoran de niñas pobres, personajes que aparentan ser malos y antipáticos que resultan siendo muy sensibles y bondadosos, villanos con una maldad proporcional a su torpeza, lo cual evita que sus múltiples intrigas se concreten, es decir, lo que hemos visto reciclado un millón de veces. Y sin embargo, hay algunos giros que hasta hoy no dejan de sorprenderme, como la desaparición de personajes importantes a la mitad de la historia, al menos parecían importantes, como Anthony o Stear. Eventos que fueron traumáticos para una serie que supuestamente era para niñas. Ni hablar del final abierto y demasiado gris por lo realista de su planteamiento. Tanto así que en Italia, algunos seguidores de la serie, demasiado acostumbrados al “happy end“, quedaron tan contrariados, que la televisora que transmitía la serie tuvo que animar por su cuenta un final alternativo para contentarlos.

Si llegado a este punto no tienes idea de qué estuve hablando quizás sea porque no conoces la historia. Si es el caso lo mejor es que consultes el muy completo artículo de la Wikipedia sobre Candy Candy. Y para los nostágicos aquí está el opening, después de verlo estoy seguro que incluso quienes no la han visto estarán de acuerdo que merece la categoría de placer culpable:
[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=ffVrJbi-QbA[/youtube]

  1. Por ahí uno se perdía uno pero para eso estaban las repeticiones
  2. Puede que ellos también la veían cuando yo no estaba, posiblemente sea una de esas cosas que nunca sabré.

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