Ciencia y tecnología Cultura general

El odio a Microsoft es una enfermedad

Creo que todos, en algún momento, hemos llegado a leer e incluso participar de alguna discusión sobre nuestras preferencias con relación a Windows o Linux1.

Yo incluso recuerdo que en alguna ocasión, como mis intervenciones resultaron ser demasiado ambiguas para algunos, no faltó quien me exigiera aclarar “de cuál lado estaba (de Windows o Linux)”.

Y es que tomar partido en esta situación desde mi punto de vista es imposible. No creo que exista el sistema perfecto. Todos tienen sus pro y sus contras. En el caso de Windows hay cosas que me gustan mucho, algunas me gustan poco y otras definitivamente me desagradan. Siendo imparcial lo que considero bueno lo felicito y lo malo lo critico como corresponde. El mismo criterio de imparcialidad lo uso con Linux o cualquier otro producto que pasa por mis manos. Yo lo llamo sentido común, pero parece que no es tan común como yo creía porque a muchas personas esta actitud les resulta extraña, será porque ellas sí están dispuestas a tomar partido, y a defender hasta la muerte a su producto favorito, incluso contra toda evidencia, minimizando sus defectos y exagerando sus ventajas hasta el punto de no tolerar ninguna crítica.

En medio de esta creciente polarización, quisiera traer a la memoria unas declaraciones realizadas hace algún tiempo por Linus Torvalds. Todo comenzó cuando Microsoft hizo algunos aportes al código del kernel Linux para mejorar su compatibilidad con algunos de sus productos. Algunos sectores del movimiento del software libre declararon abiertamente que no debían aceptarse esos aportes del “enemigo” ya que sus intenciones eran egoístas. Cuando le fueron a preguntar a Torvalds que opinaba de la situación el declaró:

A veces hago bromas sobre Microsoft, pero al mismo tiempo considero que odiar a Microsoft es una enfermedad.

Creo en el desarrollo abierto, y eso implica no solo tener el código abierto sino también evitar excluir a otras personas o empresas. Hay “extremistas” en el mundo del software libre, por tal motivo he dejado de llamar “software libre” a lo que hago, para evitar que se me asocie con aquellos para quienes eso significa odio y exclusión.2

Debo confesar que la primera vez que leí estas declaraciones me cayeron de sorpresa. Pero también las recibí con mucha satisfacción porque las comparto plenamente.

Aclaro previamente que no ignoro que Microsoft tiene una larga serie de comportamientos cuestionables y desastrosos, pero a pesar de mi propia indignación jamás me he dejado llevar por cualquier amago de resentimiento, odio o la violencia verbal contra esta empresa, porque por principio el odio no es la solución para nada.

Simpatizo con el movimiento de código abierto, que es la rama más moderada y pragmática del software libre por estar libre de posiciones extremistas. He probado varias distribuciones de Linux como OpenSuse, Mandriva, Fedora, Ubuntu y recientemente Linux Mint. Actualmente mantengo un arranque dual Windows / Linux. ¿Por qué tengo que elegir si puedo disfrutar de ambos? ¿Por qué tengo que recortar mis opciones si puedo beneficiarme de sus ventajas y eludir sus desventajas usando una alternativa?

Sea cual sea el sistema operativo que prefieras, recuerda que el odio es una enfermedad. Mira las cosas con objetividad y disfruta tus preferencias sin tratar de imponerlas a los demás. Así todos seremos más felices y más productivos.

  1. Prefiero esta forma de llamar a las distribuciones que usan el kernel desarrollado por Linus Torvalds, me parece mucho más simple que GNU/Linux, que es propuesta por otros sectores
  2. Fuente: Entrevista en Linux Magazine

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